Ensayo de una bibliotheca de traductores españoles   
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[F] ENSAYO DE UNA BIBLIOTHECA DE TRADUCTORES ESPAÑOLES DONDE SE DA NOTICIA DE LAS TRADUCCIONES QUE HAY EN CASTELLANO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS, SANTOS PADRES, FILÓSOFOS, MÉDICOS, ORADORES, POETAS, ASÍ GRIEGOS COMO LATINOS... POR D. JUAN ANTONIO PELLICER Y SAFORCADA
EN MADRID POR DON ANTONIO SANCHA AÑO MDCCLXXVIII
[Primera edición; esta reproducción facsímil no incluye las Noticias literarias para las vidas de otros escritores españoles]


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NOTA SOBRE EL AUTOR

JUAN ANTONIO PELLICER Y SAFORCADA (1738-1806) nació en Encinacorba (Zaragoza), estudió en Alcalá de Henares, donde se graduó como bachiller en Cánones y Leyes, e ingresó en 1762 como «tercer escribiente» en la Biblioteca Real. Allí recibiría unos años más tarde el encargo de culminar, junto con Tomás Antonio Sánchez y Rafael Casalbón, la revisión y ampliación de la Bibliotheca hispana nova (1672) del bibliógrafo Nicolás Antonio (1617-1684), un repertorio de escritores españoles desde 1500. La tarea se prolongó a lo largo de dos décadas, y los dos volúmenes de la edición refundida vieron finalmente la luz en 1783 y 1788. Dicho proyecto reflejaba fielmente el impulso ilustrado por los estudios bibliográficos y la naciente historia literaria. Además, en Pellicer, ese espíritu secular de fervor cartográfico y acumulación de saberes dio lugar, por un lado, a una destacada trayectoria como cervantista (publicó en 1797 una edición crítica del Quijote y en 1800 una Vida de Miguel de Cervantes Saavedra) y, por otro, a la compilación de un Ensayo de bibliotheca de traductores españoles (1778). Dicha obra, cuyo título indicaba en el siglo XVIII el adelanto de una obra en curso -y en el XXI plantea la duda sobre la posibilidad de su conclusión-, reúne dos libros en apariencia muy diferentes. En efecto, al catálogo de traductores anteceden unas «noticias literarias», ajenas al contenido anunciado y de mayor extensión en número de páginas, sobre los hermanos Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola y sobre Miguel de Cervantes. Sin embargo, las «biografías literarias» de estos tres autores del Siglo de Oro desarrollan lo contenido de modo más breve en las entradas dedicadas a los treinta y seis traductores: datos biográficos entreverados con la rigurosa descripción de sus obras. En realidad, Pellicer sigue una concepción clásica de la historia literaria en la cual el traducir se inscribe como actividad de pleno derecho, no como ejercicio subalterno y parasitario: «estas traducciones... arguyen el gusto y laboriosidad de nuestros Españoles, y la diligencia con que aprovechaban a su nación, y enriquecían su lengua». Pellicer murió en Madrid sin poder concluir su «biblioteca». El proyecto fue retomado un siglo más tarde por Marcelino Menéndez Pelayo, quien tampoco pudo verlo publicado como libro: la Biblioteca de traductores españoles se editaría cuarenta años después de su muerte. Sobre el ambiente intelectual de la época, véase José Cebrián, Nicolás Antonio y la Ilustración española, Kassel, Reichenberger, 1997, que contiene además un capítulo sobre Pellicer. También puede verse Antonio Marco García, «Sobre el Ensayo de una bibliotheca de traductores españoles de J. A. Pellicer y Saforcada», en F. Lafarga (ed.), La traducción en España (1750-1830), Lérida, Universitat de Lleida, 1991. [JGLG]

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El renacimiento helénico en Cataluña   
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[F] EL RENACIMIENTO HELÉNICO EN CATALUÑA, DISCURSO INAUGURAL LEÍDO EN LA SOLEMNE APERTURA DEL CURSO ACADÉMICO DE 1916 A 1917 ANTE EL CLAUSTRO DE LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA
BARCELONA, TIPOGRAFÍA LA ACADÉMICA, 1916
[Primera edición]


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NOTA SOBRE EL AUTOR

LLUÍS SEGALÀ I ESTALELLA (o LUIS SAGALÁ Y ESTALELLA, 1873-1938) nació en Barcelona, en cuya universidad, tras una estancia de varios años en la de Sevilla (1899-1906), ocupó la plaza de catedrático de Griego desde 1906 hasta la guerra civil española. Miembro fundador de la Sección Filológica del Instituto de Estudios Catalanes (1911) y la Real Academia de Buenas Letras (1912), dirigió diversas colecciones de clásicos griegos y latinos, y fue maestro de figuras tan relevantes como Lluís Nicolau d'Olwer (1888-1961) y Pere Bosch-Gimpera (1891-1974), así como de buena parte de la primera hornada de traductores de la colección Bernat Metge, el vasto proyecto de publicar en ediciones bilingües los clásicos grecolatinos al catalán. En su magisterio, supo transmitir unos sólidos conocimientos de la lengua, unos excelentes principios sobre la traducción (basados en la adhesión fiel al original, en términos poco frecuentes para la época) y, por encima de todo, la convicción de que la abnegada tarea de los traductores tenía un rol crucial a la hora de superar el atraso y las seculares limitaciones del humanismo peninsular. El prestigio de Segalà está vinculado principalmente a sus traducciones de la épica griega al castellano: la Ilíada (1908); la Teogonía de Hesíodo (1910), con el texto griego, algo relativamente insólito por entonces; la Odisea (1910); los Himnos homéricos, Batracomiomaquia, Epigramas y fragmentos de poemas cíclicos (1927), hasta culminar en las Obras Completas de Homero (1927), un poderoso volumen in quarto que, además de reunir las traducciones anteriores revisadas, contiene un resumen de la «cuestión homérica», un elenco de las traducciones de Homero aparecidas en la Península e Hispanoamérica, así como una bibliografía. El conjunto constituye uno de los mayores hitos del homerismo hispánico moderno. Sus traducciones presentan importantes aciertos, derivados ante todo de la fidelidad y una férrea honradez científica; y constituyen un avance muy considerable respecto a las anteriores. Sin embargo, pecan de cierto prosaísmo y no están exentas de ocasionales tropiezos de la sensibilidad literaria. La fortuna póstuma de tales versiones merece algún comentario, pues es posible llegar a la conclusión -difícil de probar, pero no carente de base- de que han sido algunos de los textos en castellano objeto de mayor número de ediciones no autorizadas, abusivas o piratas de todo el siglo XX. Durante más de cincuenta años, hasta el alud de traducciones clásicas de finales de la década de 1980, Homero habló en castellano por la boca de Segalà; se trata, en el fondo, de un impresionante homenaje para unas traducciones concebidas y maduradas en unas circunstancias tan distintas de las que vinieron después. Semejante desbarajuste fue probablemente perpetuado por la muerte del traductor en 1938, durante uno de los bombardeos de los que fue objeto Barcelona por parte de la aviación italiana, aliada a la causa franquista, así como por las miserias del período posterior. En la faceta de Segalà como historiador de la traducción y la tradición humanística, conviene mencionar la lectio inauguralis del curso académico 1916-1917, titulada El renacimiento helénico en Cataluña, un extenso repertorio de traducciones de autores griegos al castellano y al catalán que habían visto la luz en Barcelona a partir de 1836, fecha del retorno de la universidad desde Cervera a Barcelona. Segalà también tradujo al catalán, en una prosa muy literal, Hero i Leandre, un pequeño poema tardío atribuido a Museo; siete epigramas de la Antologia griega; una serie de Facècies del Philogelos (compilación de anécdotas y chistes de la Antigüedad tardía que gozó de un gran prestigio entre los humanistas); y el primer canto de la Iíada (1929), como primicia de un Homero en catalán que no pudo ser. [JP]

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